5.9.11

Parte II - Sobre la carta de Pablo Milanez e Silvio Rodriguez en 1986 al agente de la CIA Montaner

Al leerla un estudiante que firma Manuel R. le pregunta por Pablo y la
actual campaña desatada por sus recientes declaraciones en EEUU. Silvio le
responde:

Manuel R:

Pablo y yo hace algo más de 20 años que no nos vemos. Tampoco nos hemos
hablado ni por teléfono. O sea que el Pablo que conozco tiene casi un cuarto
de siglo de retraso. Aún sin estar cerca, en este tiempo sin relacionarnos
directamente, ambos hemos mantenido una actitud respetuosa respecto al otro.
Nos conocimos en 1967 y dejamos de vernos y de hacer proyectos juntos a
fines de los 80s. Mientras duró, nuestra amistad rebasó lo que pudiera ser
una simple colaboración. Fuimos testigos de muchos eventos personales de
ambos. Y también colectivos. Vimos nacer a
nuestros primeros hijos, fraguarse y deshacerse amores, proyectos, sueños de
diferente linaje. Hay zonas del Pablo actual que son nuevas para mi y hay
otras que me son muy conocidas. Y para resumirte mi postura, o para que
aprendas a verla como es, sin confusiones, te la voy a identificar: Mi
postura es la que mantengo cada día; lo que hago y lo que digo, el
testimonio cotidiano de un hombre que, más por intuición que por sabiduría,
nunca se ha creído infalible. Asimismo no me siento
capaz de juzgar, menos públicamente, a un viejo amigo; pero de lo que sí
estoy seguro, Manuel R., es de que Pablo está convencido de estar a la
altura de lo que cree de sí mismo.

Esto me da oportunidad de decir que muchos ataques a Pablo no los he puesto
aquí en el blog. Siempre han existido los "Pablistas" y los "Silvistas". Por
mi parte nunca -jamás- he permitido que en mi presencia nadie hable mal de
Pablo. Cuando me botaron del ICR en 1968, también fue por defenderle. Y por
principios -míos- lo sigo haciendo, aún cuando Pablo me incluya a mi entre
los "despreciables" que seguimos defendiendo la Revolución, y los que
firmamos la carta que él entendió a su manera
(y todos los que la firmamos entendimos de otra, o sea un momento en el que
había que cerrar filas con la defensa de Cuba). Como dice un amigo mío: "Hay
un viejo proverbio latino que dice Quod escripsi, escripsi. Lo que está
escrito está escito y no se puede borrar." Que cada cual asuma lo que le
toca, y allá el que se arrepienta de la gloria que ha vivido por lo que
quiera aparentar.

Coincido con Pablo en muchos de sus juicios críticos sobre la realidad
cubana. Me parece que algunos de esos puntos los he tocado en conferencias
de prensa en Cuba. Lo que escandaliza a algunos no es el contenido de sus
críticas sino la forma, que además de burda parece desamorada, sin el más
mínimo compromiso afectivo. Otra cosa que duele es que haya manifestado esas
críticas en Miami, a unos días de un concierto que, por más propaganda que
hacían, no se llenaba. Y para colmo que las hiciera a medios que tildan de
héroes a terroristas que han derribado aviones civiles, medios cuyos dueños
han pagado actos de violencia contra Cuba.

Es importante que los que vivimos en esta sociedad imperfecta -y eso quiere
decir con cosas malas pero también con cosas buenas- sigamos criticando,
sigamos mejorándonos. Y que este ejemplo triste no les sirva de pretexto a
los extremistas para cerrarse a cal y canto. Ese es un daño interno que nos
hacen actitudes como esta. Pero en las Revoluciones, si son verdaderas (como
creo que es la cubana), nadie es
imprescindible, al menos para siempre. Cada baja nos enseña a llenar la
ausencia con lo que tengamos, y a aspirar a ser tan buenos como lo que nos
falta.

No en balde escribí, hace unos 30 años:

Salgo y pregunto por un viejo amigo
de aquellos tiempos duramente humanos,
pero nos lo ha podrido el enemigo,
degollaron su alma en nuestras manos.

Absurdo suponer que el paraíso
es sólo la igualdad, las buenas leyes.
El sueño se hace a mano y sin permiso,
arando el porvenir con viejos bueyes.

Vaya forma de saber
que aún quiere llover
sobre mojado.


5 de septiembre de 2011 06:44


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